jueves, 22 de abril de 2010

"Escuha...¡la Tierra nos habla!"

Esta mañana caminaba sola por el parque.

Aburrida, cansada y muy enojada, me senté a la orilla del lago y miré mi reflejo en el.

No había nadie a los alrededores, era muy temprano, eran las 8 con 16

Ni siquiera el verde me contentaba y entonces grité:

“¡Tú ni siquiera sabes que es sufrir!, ¡no sabes nada de la vida!”

Pateé el suelo con fuerza, como si el pasto o los árboles me fuesen a oír.

No lo sabía y no lo supe, pero quizás no fue el viento que me respondió como un eco a la lejanía:


“¿Qué no sé nada de la vida?”

Yo, que los vi nacer

Yo, que los vi crecer

Yo, que los vi ser

No uno, sino dos, tres, y mucho más de cien


¿Qué no sé nada de la vida?

Yo estaba allí

Antes que tú nacieras

Mucho, pero mucho antes que tu madre también

Yo ya estaba allí…


Estaba allí antes de que hasta los piececitos más pequeños pisasen la tierra

Antes, incluso, que el ruido de las alas de los pajarillos se oyen revolotear

Yo estaba allí


¿Qué no sé nada de la vida?

Yo que he visto pasar a grandes

A débiles, a fuertes y pequeños

Yo que he visto nevar, llover y granizar infinitas veces

Yo que he visto florecer, marchitar y volver a nacer


¿Y tú dices qué no sé nada de la vida?

Siempre estuve allí

Yo los vi sonreír, los he visto pelear

Amar y matar…


Han pasado ya mil años, un millón, ¡miles de millones!

Cuando todo era verde

Cuando el cielo era celeste

Cuando el mar era aun mas azul y cristalino


Yo siempre estuve allí

Yo todo lo viví

Y aún sigo aquí


Nadie sabe hasta cuando

Y no depende de mí…

Estoy a la espera

Quizás de un repentino adiós

Quizás tú

Quizás tu hijo, o los hijos de tus hijos

Verán mi fin

Cortarán árboles, teñirán el cielo de gris, y el mar de negro intenso

Aullarán en ese entonces tanto, que no podre oír

¡Serán muchos, muchos y muchos más!

¡Y el peso no lo podre aguantar!

¡Llenarán mi rostro con basura!

¡Ni a mis animales podré alimentar!


¿Y dices que no sé lo que es sufrir?...”



Después de ese discurso, asustada volví a mi casa

No volví a hablar sola…

De vuelta a casa me compré un helado, pero antes de botar el embase al suelo me desvié del camino y lo boté en el basurero, fue raro, pero sentí que las flores en el pasto se abrieron para hacerme sonreír como diciendo: “gracias”.

1 comentario:

Reno dijo...

Que hermoso, muy bueno para estas fechas :)